Por José Antonio Fernández
Epigmenio Ibarra es un gran reportero y también un gran productor. Toda su vida ha actuado de forma congruente: hace lo que piensa.
Sus producciones han revolucionado el destino de la televisión mexicana: Nada personal, Mirada de mujer y Las Aparicio son sus telenovelas más emblemáticas. Su nivel de influencia es total. Ve la política como parte de la vida. Con la telenovela Infames también está innovando, muestra las bajezas de la política del México contemporáneo.
A finales de los ochentas, recuerdo que una noche lo encontré en una sala de juntas de lo que hoy es TV Azteca. Llegaba de El Salvador en donde era reportero de guerra. Su camioneta, herramienta clave de trabajo junto con su cámara de video, estaba destruida. Buscaba apoyo para comprar otra y regresar de inmediato al campo de batalla en El Salvador para seguir haciendo su labor de reportero.
Lo consiguió, como ha logrado siempre cada proyecto que se propone. Toca tantas puertas como sean necesarias para encontrar los recursos que le permitan hacer sus sueños.
Su vida como productor de telenovelas nació cuando le propuso a Ricardo Salinas Pliego producir una mesa redonda en TV Azteca para hablar de los temas nacionales de mayor relevancia. Salinas Pliego le respondió: eso que quieres hacer en una mesa de opinión, mejor hazlo en una telenovela. Supo escuchar y le tomó la palabra. Ahí nació la telenovela Nada Personal que le abrió un camino fantástico para convertirse en uno de los productores independientes más importantes de América. Sus producciones se ven en muchos países del mundo, incluyendo Estados Unidos.
Se puede estar de acuerdo o no con Epigmenio Ibarra, de lo que a nadie le cabe la menor duda es que ha mostrado una y otra vez sus habilidades para realizar grandes proyectos con ese sabor que sólo lo da la independencia: originales y muy audaces.
Siempre pone en pantalla mujeres que piensan, trabajan, se cuestionan y lanzan a construir una vida independiente valorada por ellas mismas. Su activismo y compromiso político le es inevitable, es parte de su espíritu.
No lo veo siendo mero espectador. Es líder. Es valiente.
|